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domingo, 3 de febrero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
Los nueve de Oporto
Guardo en ese intrincado disco duro que es la memoria multitud de ciudades que me han dejado huella y de las que poco a poco - si el tiempo y la pereza no lo impiden - iré hablando aquí. Londres, Liubliana, Budapest, París, Bruselas, Roma, Amsterdam, Estocolmo, Copenhague, Lisboa, Viena, Estambul, Edimburgo... y algunas otras que me dejo en el tintero, ocupan todas y cada una de ellas por unas u otras razones un privilegiado rincón en mi memoria, pero como suele ocurrir siempre a la hora de hacer listas de favoritos, uno guarda ineludiblemente un lugar especial para una por encima de todas a la que profesa, casi siempre por motivos personales, un cariño casi inconfesable. Y para mí, ese hueco está ocupado desde hace muchos años por la ciudad de Oporto. Dejadme que os lo explique...
A veces me preguntan cual es el mejor recuerdo que guardo de mi paso por la universidad, y la cuestión, que a otros hace dudar, a mi me hace sonreir porque no es nada difícil, y estoy seguro además que los otros ocho protagonistas de esta historia tampoco dudarían, porque si hay un momento grabado en mis neuronas de esos (muchos) años en la "uni", es sin duda el viaje que hicimos a Oporto aquel grandísimo y mítico equipo de baloncesto de la ETSII de Valladolid.
Aquella sí que fue una aventura. ¡Qué recuerdos! Es difícil saber exáctamente dónde y cómo comienza una historia mil veces contada en cenas y reuniones de amigos desde aquel mes de noviembre de 1997. La hemos narrado tantísimas veces que con el paso del tiempo seguramente hemos ido agrandando y seguramente desvirtuando aquella pequeña locura, pero básica y muy resumidamente diré que la Universidad de Oporto organizó y nos invitó a un torneo internacional de baloncesto de un sólo día de duración (el típico torneo formato maratón en el que se juegan 4 ó 5 partidos en tan solo 12 horas), y ni cortos ni perezosos, allí nos plantamos durante... ¡¡4 días!!
Tras muchísimas horas de incómodo autobús y un transbordo en Salamanca, llegamos con un "pequeño" adelanto horario respecto a lo acordado, consecuencia de otro "pequeño" malentendido (el portugués no es tan fácil como parece...). Allí no estaba ni el apuntador para recibirnos, y empezamos a pensar si aquello no habría sido una tomadura de pelo. Después de unos minutos de incertidumbre, todo se aclaró mediante una llamada de teléfono, y pocas horas después nuestros anfitriones nos llevaban a nuestro alojamiento en una desvencijada furgoneta conducida por un piloto suicida. Y efectivamente, allí estaba la "Pensión dos Aliados" junto a la plaza del mismo nombre. Nueve tíos durmiendo en 2 habitaciones. El panorama era el siguiente: Te podía tocar dormir en el sofá, en una cama pequeña, en la alfombra, en el sillón, o compartir cama de matrimonio con otro compañero. La noche prometía...
Aquella primera noche en la que descansamos poco, surgió lo que a la postre sería el desencadenante de esta divertida historia. Las confusiones del idioma probablemente ayudaron, pero algo de alcohol seguramente contribuyó también a liar todo un poco más. Es difícil explicar cómo se produjo aquella conversación nocturna en un bar con los organizadores del torneo, y no estoy seguro de poder reproducirla aquí, ya que existen diferentes versiones según las copas que se hubieran tomado aquella noche, pero sus consecuencias fueron que al día siguiente de nuestra llegada, en lugar de dedicarnos a conocer Oporto como era nuestro plan (el torneo era el segundo día), nos habíamos apuntado repentinamente a otro torneo de... ¡¡BALONMANO!!
Pero como buenos españoles, "a lo hecho pecho", y allí estábamos a la mañana siguiente algo resacosos pero dispuestos a jugar el primer partido de balonmano de nuestra vida (admito haber jugado algo con 12 años pero ni lo recordaba...) sin ni siquiera conocer las reglas, pero sin ningún tipo de complejo. Antes de seguir escribiendo, haré un pequeño inciso para decir que quizás los que no conozcan muy bien estos dos deportes, balonmano y baloncesto, quizás no acaben de encontrar el sentido a algunos comentarios de aquí en adelante, pero que no se preocupen, al final lo que cuenta es la historia en sí misma.
Aquél primer partido fue realmente un espectáculo circense. Salimos al campo con unos petos que nos había dejado la organización, ya que evidentemente no teníamos camisetas de balonmano, sólo de basket y ya estábamos haciendo bastante el ridículo como para salir en camisetas de tirantes... Allí estábamos un grupo de tiarrones enormes con nuestras gigantescas botas de baloncesto, absolutamente inadecuadas para aquel deporte, mientras el equipo contrario desde su banquillo no daba crédito a lo que veía. Nuestro portero (voluntario, todo hay que decirlo), salió al campo con la parte de arriba del pijama disimulada con una camiseta encima, que era lo que más se asemejaba a una equipación de guardameta, por no hablar de las explicaciones del portero rival sobre cómo colocarse cierta protección en cierta parte, momento absolutamente hilarante cuando se cuenta esta historia con unos vinitos encima. Y el resto, pues con el desconocimiento sobre los menesteres de este deporte nos repartimos las posiciones en el campo como pudimos, lo que vino a resultar en una pequeña locura que acabó con nuestro jugador más alto, rozando casi los dos metros de altura, jugando de extremo...
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| De izda a dcha y de arriba a abajo: Toño, Javi, Dani, Sergio, Isra, Tony, Tico, Marcos y Manu. Campeones del Torneo de Balonmano y del Torneo de Baloncesto Oporto. Nov.1997 |
Y comenzó el partido. Nuestro base se pasaba el balón por debajo de las piernas. Infracción. No sabíamos sacar correctamente de banda. Infracción. Hacíamos constantemente dobles. Infracción. Hacíamos cambios sin esperar a que saliera el compañero ni avisar al árbitro. Infracción. Aquello se ponía realmente cuesta arriba...
Aquel primer partido - que evidentemente perdimos - nos sirvió para entender lo que para nosotros sería a la postre la regla básica y la clave para poder afrontar el torneo: Se podía agarrar, sujetar, abrazar al contrario (y no con ánimo de entablar amistad...), y todo ello, sin que te eliminaran por 5 faltas.
Aquel primer partido - que evidentemente perdimos - nos sirvió para entender lo que para nosotros sería a la postre la regla básica y la clave para poder afrontar el torneo: Se podía agarrar, sujetar, abrazar al contrario (y no con ánimo de entablar amistad...), y todo ello, sin que te eliminaran por 5 faltas.
Aquello era simplemente fantástico y todos lo vimos muy claro. A partir de aquél partido nuestra estrategia cambió por completo. Con una media de edad rondando los 24, una altura media que casi superaba el 1,90m, y seguramente en nuestro mejor momento físico (en este momento de la narración se nota claramente que me he venido arriba), decidimos hacer defensa individual en todo el campo. Si un jugador se acercaba demasiado, le agarrábamos. Si corría demasiado, le sujetábamos. Si parecía que se escabapa para tirar, le abrazábamos. Eso sí, cada oveja con su pareja... Y después, a correr (porque podrían ser mejores, pero no iban a correr más que nosotros). No recuerdo que hiciéramos más de dos o tres ataques estáticos por partido... Una auténtica paranoia transitoria que desconcertó a todos y cada uno de los siguientes rivales, que nunca se habían enfrentado a algo que desafiaba por completo la lógica de ese deporte.
Y así fue hasta el último partido, en el que sorprendentemente y contra todo pronóstico, el equipo que había venido a jugar el torneo de baloncesto, se proclamaba campeón del torneo de balonmano ante la incredulidad de los allí presentes, público y organizadores, y nuestro jolgorio y fiesta final recorriendo todo el pabellón haciendo la conga...
Afortunadamente no todo fue deporte, y aunque no hubo demasiado tiempo, hago aquí otro breve receso para contaros que pudimos disfrutar de una de las ciudades europeas con más encanto. Las hermosas vistas desde Vila Nova de Gaia del casco antiguo de Oporto (Patrimonio de la Humanidad), la Catedral y las callejuelas que bajaban hasta el río Duero, el centenario e inconfundible puente de Luis I, el mosaico de colores de los edificios mostrando el encanto de sus desconchadas fachadas.
Afortunadamente no todo fue deporte, y aunque no hubo demasiado tiempo, hago aquí otro breve receso para contaros que pudimos disfrutar de una de las ciudades europeas con más encanto. Las hermosas vistas desde Vila Nova de Gaia del casco antiguo de Oporto (Patrimonio de la Humanidad), la Catedral y las callejuelas que bajaban hasta el río Duero, el centenario e inconfundible puente de Luis I, el mosaico de colores de los edificios mostrando el encanto de sus desconchadas fachadas.
En fin, ya os digo que turismo poco, pero al menos os dejo arriba unas cuantas fotos que hicimos en aquel viaje (se nota la antigüedad, ¿verdad?...). Por fortuna, he de decir que pude volver varias veces y descubrí otras muchas maravillas de la ciudad como por ejemplo la Librería Lello e Irmao, considerada por muchos la librería más bella de Europa. Ahí va una foto que no deja lugar a dudas (en este caso no es mía, la he birlado de internet...).
Volviendo al tema que nos ocupa, y para ir finalizando la historia de hoy, al día siguiente tuvo lugar el torneo de baloncesto, y aunque estábamos bastante doloridos del día anterior, no hace falta decir a estas alturas que también lo ganamos, que es a lo que realmente íbamos allí, lo que nos convirtió por unas horas en los pequeños ídolos locales, con parte del público portugués coreando "que viva España"... Es justo decir aquí que fue bastante más complicado ganar aquel torneo de baloncesto que el de balonmano ganado el día anterior. Cosas de la vida. No voy a contar nada más de aquella final, para no aburrir al lector, pero sí quiero citar aquella conversación a pocos segundos de finalizar el partido cuando uno de los rivales se dirigió a nuestro capitán Tony:
Volviendo al tema que nos ocupa, y para ir finalizando la historia de hoy, al día siguiente tuvo lugar el torneo de baloncesto, y aunque estábamos bastante doloridos del día anterior, no hace falta decir a estas alturas que también lo ganamos, que es a lo que realmente íbamos allí, lo que nos convirtió por unas horas en los pequeños ídolos locales, con parte del público portugués coreando "que viva España"... Es justo decir aquí que fue bastante más complicado ganar aquel torneo de baloncesto que el de balonmano ganado el día anterior. Cosas de la vida. No voy a contar nada más de aquella final, para no aburrir al lector, pero sí quiero citar aquella conversación a pocos segundos de finalizar el partido cuando uno de los rivales se dirigió a nuestro capitán Tony:
- Es que nos faltaban tres jugadores - le soltó bastante molesto y picado el capitán rival del INEF de Oporto.
- Y os sobraban otros tres - le respondió con evidente ironía el gran Tony.
Nada más por hoy, sed felices.
P.D. Os decía al principio que se trataba del Torneo "Internacional" de Oporto. Bueno, para ser sinceros os diré que si no llegamos a ir, ambos torneos se hubieran quedado en "Nacionales"... ;-)
domingo, 30 de diciembre de 2012
Lo mejor está siempre por llegar...
Se acaba el año, y como decía Mecano, es hora de hacer balance de lo bueno y malo, así que toca reflexionar un poco sobre todo lo ocurrido en estos pasados doce meses. Y puesto a ser lo más objetivo posible, no tengo problemas en reconocer, pese a la que está cayendo ahí fuera, que ha sido una vez más un año absolutamente excepcional. Un año intenso de nuevas experiencias (como la de escribir este blog), de mucho trabajo (y que no falte), de viajes fabulosos y de alguna aventura extraordinaria también (compartida aquí con vosotros), de reencuentros con viejos y añorados amigos, de algún abrazo de última hora que ya tenía ganas de dar, de muchísimas risas y por suerte, pocas lágrimas, de sorpresas inesperadas, de regalar y de recibir regalos, de tener a uno más en casa (nuestra conejita Noah), de nuevas etapas, y también, porque la vida es así, de algunas noticias algo más tristes.
Pienso también durante esta reflexión en los que lo están pasando mal, que en estos momentos son muchos, más de los que posiblemente creo, y me produce cierto sonrojo reconocer que las cosas me van bien, pero pienso también que probablemente sea más positivo mostrar los sentimientos personales optimistas y vitales, que ocultarlos, o mucho peor, negarlos.
Es momento también de nuevos propósitos para el año que comienza, y a sabiendas por experiencia que ni es bueno ni sano marcarse demasiados retos, porque luego no se cumplen, iremos pasito a pasito, con pequeños desafíos, que tampoco hay que volverse loco. Sin embargo, hace unos días me desperté con la sensación - como le ocurre a mucha gente - de que muchas veces desperdicio el tiempo sin hacer nada realmente útil, o que me reporte alguna satisfacción, así que me levanté de la cama, cogí un rotulador muy especial (y enorme) que me regalo Szilvia por mi cumpleaños, y ni corto ni perezoso escribí sin pensarlo demasiado en una de las paredes de casa el que será uno de los lemas para este año que empieza (bueno, y para los siguientes porque o pinto de nuevo la pared completa, o esta frase no se borra con nada...).
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| ENHORABUENA, HOY ES EL PRIMER DIA DEL RESTO DE TU VIDA! ¿VAS A DESPERDICIARLO?... |
Será sin duda de nuevo un año de viajes, de hacer cosas diferentes, pero sobre todo, y lo más importante, de intentar que ese bien tan preciado y que tan poco valoramos a veces que es el tiempo, lo utilice mejor que nunca. Parece sencillo, pero ya veremos... ;-)
Y como no podía ser de otra manera, es tiempo también de agradecer a todos los que me rodean que hagan mi vida mucho más llevadera. Sí, lo sé, a veces me paso la mitad de los post agradeciendo cosas, pero como dice ese buen refrán castellano, "de bien nacido es ser agradecido", y nunca me cansaré de hacerlo. Veréis, la vida sin vosotros no tiene mucho sentido, y esto no es una frase hecha. Soy de los que cree a pies juntillas que el ser humano está hecho para COMPARTIR. Así, escrito con mayúsculas. Venga, en serio amigos, la vida compartida es mucho más interesante, divertida y emocionante, creedme. Por eso, GRACIAS INFINITAS a todos los que ocasionalmente, a ratitos, a largos más ratos, o de continuo compartís pedazos de vuestra vida conmigo, y dejáis que yo los comparta con vosotros. Me hacéis mucho mejor persona y ayudais a que la sonrisa no se borre de mi cara (lo que también contribuye a que me salgan más arrugas, que no se puede tener todo).
Os dejo un link aquí debajo a un vídeo que contiene toda la auténtica y genuina esencia del "efecto wanderlust" y que preparé hace ya tiempo (¡¡tenía ya ganas de utilizarlo en el blog!!) para desearos todo lo mejor en el próximo año.
Disfrutad lo que podais (o lo que os dejen) y aunque no soy de dar muchos consejos, ahí va uno: aprovechad y decidle a la gente que os importa lo que les quereis o lo que sentis por ellos, que mañana puede ser tarde. :-)
Vamos a por el 2013 ¡Feliz año!
P.D. Y no olvideis que LO MEJOR ESTÁ SIEMPRE POR LLEGAR...
domingo, 16 de diciembre de 2012
Nueva York en la memoria, 17 años después...
Hace unas semanas, exactamente el 15 de Noviembre, se cumplieron 17 años de mi primer y único viaje a Nueva York, la autodenominada, no sin razón, capital del mundo. Era 1995, y fue también, a pesar de los numerosos y muy diversos viajes que hice posteriormente y hasta el día de hoy, la única vez que he cruzado el gran "charco".
Recuerdo con especial cariño y sobre todo con añorada nostalgia aquel viaje. Y no sólo por el viaje en sí mismo, sino por la forma tan espontánea en la que surgió la idea, y sobre todo por la persona con la que compartí aquella pequeña locura, mi buen y viejo amigo Suso, así como por la forma tan metódica en que preparamos aquella aventura en unos tiempos en los que aún no había internet como lo conocemos hoy. Para haceros una idea, la reserva del hotel (un albergue YMCA), la hicimos llamando por teléfono desde una cabina de la Plaza Mayor de Valladolid. Si cierro los ojos ahora mismo nos veo a Suso y a mi junto a la cabina de monedas, con un inglés extremadamente limitado, preguntando por el auricular si alguien por allí hablaba español (con la enorme fortuna de que así fue).
Las calles, los monumentos, los metros que debíamos coger, los museos que queríamos visitar, y todo el plan de viaje lo fuimos decidiendo sobre un mapa gigante de Nueva York que montamos con más de veinte fotocopias A4 de trozos de mapas de una guía de la biblioteca municipal. Me entra la risa floja cuando me acuerdo de aquella "sábana", cuyo montaje fue una labor de chinos, pero cuya apertura para marcar lugares y rutas y vuelta a doblar y cerrar era trabajo todavía mucho más titánico...
El caso es que unas semanas después, nos plantábamos en Nueva York al estilo Paco Martínez Soria, salvando evidentemente las distancias ya que nosotros no llevábamos gallinas. No hace falta decir que fueron nueve días fantásticos que aprovechamos hasta la extenuación, y que al escribir estas líneas afloran cientos de recuerdos y anécdotas que llenarían varias páginas.
El primer recuerdo que tengo es el de grandes columnas de vapor saliendo de alcantarillas y rejillas por toda la ciudad, como en las películas que había visto tantas veces con Nueva York de fondo. A eso siguieron las primeras vistas de los rascalielos, los taxis amarillos, la quinta avenida...
Las Torres Gemelas lucían en todo su esplendor sin que los neoyorkinos imaginaran ni por un momento la tragedia que ocurriría años después. Su imponente silueta dominaba el skyline de la ciudad, y las vistas desde su terraza en la azotea eran absolutamente imponentes, como dan buena fe las pocas y viejas fotos que conservo de aquel viaje.
Hago aquí un inciso porque el tema de las fotos fue una de esas cosas que no se olvidan. Recuerdo perfectamente que compramos cinco cámaras de usar y tirar. La compra de aquellas cámaras de la ya casi desaparecida y en quiebra Kodak, fue en aquellos momentos la solución más cómoda y barata para dos veinteañeros que viajaban con no muchos recursos. Todavía oigo ese ruido de carraca cuando movías la ruleta para pasar el carrete y dejar la cámara lista para la siguiente foto. Ciertamente, nunca pudimos imaginar que de las cinco cámaras sólo se salvarían los carretes de dos de ellas (uno de fotos panorámicas). Para nuestra enorme decepción y frustración, al llegar a España tres de los carretes salieron completamente velados. Nunca supimos por qué, pero bien mirado, la verdad es que pudo ser peor, y al fin y al cabo ahora, 17 años después, podemos mostrar esas pocas fotos que se salvaron a los amigos, o incluso sacar algunas de ellas a la luz en este blog.
Aparte de este contratiempo, el resto del viaje fue una experiencia única e irrepetible. Central Park nos dejó mudos. Jamás habíamos visto un parque de tal extensión, ni un lago que se parecía más a un mar que a una laguna. Ni habíamos visto praderas y avenidas de tal tamaño. Ni una pista de patinaje sobre hielo como aquella, que superaba con creces cualquiera que hubiéramos visto hasta ese momento (si es que habíamos visto alguna antes de aquel viaje). Pasear un domingo de otoño por aquella maravilla de la naturaleza en medio de la ciudad más cosmopolita del mundo nos parecía entonces un lujo al alcance de muy pocos.

Para hacer todavía más especial el viaje, coincidió además una de las jornadas con el Día de Acción de Gracias, el día del año en que los norteamericanos se juntan con toda la familia, al estilo de lo que sería en España la Nochebuena. En el desfile por las calles de NY había más de un millón de personas, lo que lo convertía en el evento más multitudinario al que jamás habíamos acudido. Realmente espectacular, si bien es cierto que el resto del día la ciudad se quedó absolutamente muerta y vacía. Todo cerrado y ni un alma en la calle, y claro, las verdad es que primos o tíos en NY para ir a cenar pues no teníamos...
Aquel viaje fue uno de los que más me he reído en toda mi vida. Os podeis imaginar las cantidad de anécdotas que nos sucedieron a dos vallisoletanos en NY durante esos días. Esa señora que se encaprichó de la cazadora de Suso ("I like your jacket, I like your jacket"), o aquel zampabollos sentado a nuestro lado en el Madison Square Garden que necesitaba dos asientos y medio... Aquel callejón de poca confianza donde mi buen amigo se empeñó en hacerse una foto con una auténtica banda de raperos de aspecto poco amigable... Por no hablar de esos partidos jugados en la cancha de baloncesto situada en plena 4ªplanta del edificio del YMCA donde dormíamos, a los que llegábamos cada tarde agotados después de patear la urbe (yo más que Suso, que tenía, y aún tiene, mejor forma física que yo) y en los que nos dábamos unas soberanas palizas, que combinábamos con algún partido de voleyball, donde también se dió alguna anécdota que otra... O aquella mujer de la limpieza que nos empezó a gritar al estar limpiando y entrar nosotros en la habitación. Aún hoy creemos que es por el olorcillo que dejaron unas ropas sin lavar durante "unos" días. Un detalle sin importancia... ;-)
En fin, ya tenía ganas desde hace tiempo de sacar esta historia (en formato muy abreviado) que me ha hecho sonreir e incluso soltar alguna carcajada mientras la escribía.
Esta entrada del blog, como no podía ser de otra manera, va dedicada al bueno de Suso. Ambos sabemos que algún día tendremos que volver por allí, y aunque cada día se vuelve un poco más complicado, todavía tenemos tiempo de sobra.
Aquel viaje fue uno de los que más me he reído en toda mi vida. Os podeis imaginar las cantidad de anécdotas que nos sucedieron a dos vallisoletanos en NY durante esos días. Esa señora que se encaprichó de la cazadora de Suso ("I like your jacket, I like your jacket"), o aquel zampabollos sentado a nuestro lado en el Madison Square Garden que necesitaba dos asientos y medio... Aquel callejón de poca confianza donde mi buen amigo se empeñó en hacerse una foto con una auténtica banda de raperos de aspecto poco amigable... Por no hablar de esos partidos jugados en la cancha de baloncesto situada en plena 4ªplanta del edificio del YMCA donde dormíamos, a los que llegábamos cada tarde agotados después de patear la urbe (yo más que Suso, que tenía, y aún tiene, mejor forma física que yo) y en los que nos dábamos unas soberanas palizas, que combinábamos con algún partido de voleyball, donde también se dió alguna anécdota que otra... O aquella mujer de la limpieza que nos empezó a gritar al estar limpiando y entrar nosotros en la habitación. Aún hoy creemos que es por el olorcillo que dejaron unas ropas sin lavar durante "unos" días. Un detalle sin importancia... ;-)
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| Suso (segundo abajo por la izda) y yo ( segundo de pie por la izda) en el pabellón del West Side YMCA. |
En fin, ya tenía ganas desde hace tiempo de sacar esta historia (en formato muy abreviado) que me ha hecho sonreir e incluso soltar alguna carcajada mientras la escribía.
Esta entrada del blog, como no podía ser de otra manera, va dedicada al bueno de Suso. Ambos sabemos que algún día tendremos que volver por allí, y aunque cada día se vuelve un poco más complicado, todavía tenemos tiempo de sobra.
Hasta la próxima. Sed felices.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Síndrome de súbita tristeza postvacacional
INICIO.
Silencio.
Lectura.
Paseo junto al río.
Jacuzzi.
Relax.
Paz.
Jardín.
Silencio.
Suena un pájaro picapinos.
Siesta.
Sofá.
El conejo, el zorro, el gato y el perro.
Un poco de sol.
Más sol.
Silencio.
Más lectura.
Sauna.
Fotos.
Desconexión neuronal.
Sin cobertura.
Descanso, descanso, descanso...
Silencio.
FIN
:-(
domingo, 2 de diciembre de 2012
Budapest, el oxímoron perfecto (parte III)
Sí, lo sé, esta vez me he despistado un poco con las fechas, y la pereza ha podido conmigo, pero aquí está la tercera y última parte de mi particular y muy personal Top 10 de Budapest...
8 – La Plaza de los Héroes, el
Parque Városliget y el Palacio de Vajdahunyad
La Plaza de los Héroes y sus
alrededores son una de las zonas más visitadas de Budapest, por lo que no os sorprendais si al llegar allí veis aparecer continuamente autobuses repletos de rusos,
españoles o japonenes que llegan en hordas a la citada plaza.
La plaza, flanqueada por el Museo
de Bellas Artes y el Palacio del Arte es un buen punto de partida para un
bonito paseo por el Parque Városliget, que encierra algunos tesoros como los Baños Széchenyi y sobre todo el
Palacio (también llamado Castillo) de Vajdahunyad, flanqueado por un hermoso lago artificial junto al que si el tiempo acompaña, nos podremos sentar en uno de sus numerosos y confortables bancos para disfrutar de las vistas... y tomar un poco el sol (aquí os dejo otra fotillo exactamente en ese preciso lugar hace un par de veranos, vaya diferencia con las fotos de arriba, eh!...).
No me olvido tampoco de la enigmática escultura junto al mencionado palacio, una de las más famosas de Budapest, la de un personaje anónimo y sombrío, fotografiado sin cesar por los turistas, y con un simbólico significado para los húngaros como el cronista que relató los orígenes de la patria magiar.
Al igual que ocurría con el Parlamento, el Castillo y el Bastión de los Pescadores, os dejo en este caso que mireis las guías, que seguro que traen mucha y mejor información que las que os pueda dar yo aquí.
9 – Tomar un café en una librería.
Budapest, como otras grandes
ciudades, tiene docenas de librerías. La mayoría no son especialmente antiguas
o estéticamente muy diferentes a muchas de las que podemos encontrar en Madrid,
por ejemplo. Sin embargo, muchas de ellas poseen maravillosos cafés en su
interior donde sin problema alguno, podremos coger un libro y leerlo mientras
degustamos tranquilamente nuestra bebida. Si os soy sincero, no he encontrado
todavía un mejor sitio que estas librerías para tomar un largo café en la
ciudad durante los fríos días de invierno.
Dos recomendaciones, ambas de la
cadena Alexandra: La que se sitúa en Nyugati tér 7, con un pequeño y
tranquilísimo café en su tercera planta, y la enorme librería situada en la no
menos imponente e imperial Andrássy Útca (por favor, NO OLVIDEIS recorrer esta larga
y lujosa avenida de unos 3 km llena de glamurosas tiendas e imponentes edificios hasta su final en la
Plaza de los Héroes), cuyo café en la segunda planta está situado en un
aristocrático salón que parece sacado de un palacio real, y si os parece
exagerado, mirad las fotos.
Hay otras muchas librerías,
algunas además recomendadas por las guías, y que no he podido visitar, como por ejemplo Massolit (en la foto), pero
estoy seguro que cualquiera de ellas con un buen café en el interior merecerá
la pena para reposar y coger aliento, que Budapest es muy grande y os harán
falta buenos avituallamientos.
10 – Un restaurante y un bar para
disfrutar fuera de los circuitos de turistas…
Por último, si lo que queremos es
huir definitivamente de los circuitos turísticos y pasar un día alejado de
japoneses haciendo fotos, os recomiendo un par de lugares ciertamente especiales,
ya en las afueras de la ciudad y bastante distanciados entre sí, indicados únicamente
(el que avisa no es traidor) para cuando las condiciones climatológicas
sean como mínimo, primaverales...
En primer lugar, el Nancsi Neni,
un restaurante típico húngaro, lo que en España podríamos asemejar a esos
tradicionales merenderos de toda la vida, pero con un encanto absolutamente especial,
con sus mesas de manteles a cuadros, su acordeonista propio amenizando la
comida, sus pequeños detalles en cada rincón, y por supuesto sus deliciosos
platos locales…
Como os digo, está muy alejado
del centro, así que si quereis más información sobre cómo llegar hasta allí,
aquí os dejo el enlace del sitio:
http://www.nancsineni.hu
Y después de comer, nada mejor
que coger el autobús, coche o incluso mejor un taxi (el lugar está lejos) y evadirnos
por un momento del mundanal ruido junto al Danubio para reposar nuestra comida,
sentados en la terraza playera de un bar absolutamente bohemio y con un cierto
toque de surrealismo mágico llamado Fellini Római Kultúrbisztró. Se trata de un
viejo y auténtico carromato desde donde sirven unas estupendas limonadas
(bebida nacional magiar en verano) mientras descansamos sobre unas desvencijadas
pero cómodas hamacas sobre la misma playa. Lugar idílico y alternativo para una
obligada siesta - escríbase “szieszta” en húngaro - tras el homenaje
gastronómico.
La verdad es que un Top 10 se queda corto, pero incluso un Top 100 de Budapest se me seguiría quedando corto, así que ahora sólo os queda
decidiros, buscar un puente apropiado para la ocasión, y comprar los vuelos con
suficiente antelación para conseguir un buen precio. Wizzair y Ryanair son las
dos compañías que vuelan a Budapest, y si somos capaces de llevar sólo equipaje
de mano, por poco más de 100 euros podreis encontrar vuelos directos.
¡A distrutar!
lunes, 5 de noviembre de 2012
Budapest, el oxímoron perfecto (parte II)
La semana pasada nos quedamos a medias, así que continuamos con esta lista muy personal de recomendaciones sobre Budapest...
4 – Las vistas nocturnas de la ciudad desde el Monte Gellért.
Al sur del Castillo se alza
imponente junto al Danubio el Monte Gellért, lugar donde además del
archiconocido y famoso balneario, se encuentra la antigua Ciudadela, una
fortificación levantada por los Habsburgo a mediados del siglo XIX, y junto a
ella, el Monumento a la Liberación también conocida como Estatua de la Libertad.
Si bien tanto la fortaleza como la escultura tienen un cierto interés, son sin
duda las privilegiadas vistas de la ciudad las que hacen de este lugar uno de
los sitios imprescindibles en nuestra ruta por la capital magiar. Recomendado de
día, y sobre todo de noche. No obstante, amigos, aunque parezca una
perogrullada, si vais a ir de noche aseguraros primero que se encuentran
iluminados los puentes y principales monumentos de la ciudad, de otra forma, me
temo que poco vais a ver…
5 – Müvész Cinema
Para los amantes del séptimo
arte, ésta es sin duda una parada obligatoria. Se trata posiblemente del cine
más original de Budapest. Normalmente, aquí se pueden ver películas europeas muy
diversas en versión original, y en bastantes ocasiones, cine español. El
interior, donde podemos encontrar las taquillas, está decorado de forma
abigarrada con todos los motivos cinematográficos que podamos imaginar, dándole
al vestíbulo un cierto aire kitsch pero con un peculiar encanto que no deja
indiferente. El compendio de artilugios va desde los viejos carteles de
películas, hasta un vetusto coche, posiblemente parte de algún mítico rodaje.
Lo dicho, si tenéis tiempo
suficiente, daros el placer de ver una película en este local, y si no,
simplemente entrad a dar un garbeo, y sentaros un rato en uno de sus sofás para
haceros unas fotillos, merece la pena. Está en Teréz Körút 30.
6 – Los transportes públicos.
La diversidad y el estado de los
transportes en Budapest es un ejemplo más de esa delicada mezcla de los viejos
y los nuevos tiempos. Os recomiendo que probéis todos. Sí, lo sé, parece una
tontería ir a una ciudad patrimonio de la humanidad como ésta para perder el
tiempo cogiendo transportes públicos por el mero hecho de conocerlos y no por
precisar de un desplazamiento en sí, pero aquí he de confesar mi atracción
fatal por las experiencias en autobuses, metros y tranvías que te permiten
descubrir aspectos de la vida y rutina diaria de los húngaros que de otra
manera, y en un corto viaje, sería imposible.
Empecemos por el tranvía, donde
se combinan las modernas y eficaces líneas que recorren el centro con algunos
un poquito más desvencijados que cubren otras rutas. En cualquier caso, es definitivamente
una de las formas más rápidas de moverse por el centro de la ciudad y una de
las preferidas por los turistas. Pero si lo que queréis es una ruta que os
permita al mismo tiempo que os desplazais, disfrutar del viaje y de las vistas,
nada mejor que coger el tranvía nº2 desde Boráros Tér hasta el mismo Parlamento
en un estupendo viaje junto al Danubio con unas magníficas vistas de toda la
parte de Buda (¡no os olvidéis sentaros del lado del río!). Esta ruta fue
considerada por National Geographic como una de las 10 rutas en tranvía más
bellas del mundo. ¡Ahí es nada!
El metro es otro de los medios de
transporte más utilizados en Budapest, aunque ciertamente son menos cómodos
para desplazarse por el centro que los tranvías. Consta únicamente de tres
líneas (M1, M2 y M3). La línea M1 está considerada la primera línea de
metropolitano de Europa y sus diminutas estaciones son auténticas piezas de
museo que datan del siglo XIX, lo que las convierte en el principal atractivo
de esta línea. Todas las estaciones son iguales, y he de reconocer que tienen
un encanto especial. Además, sus vagones son de madera. Os recomiendo un paseo en esta línea. En cuanto a las
líneas M2 y M3, algunos vagones parecen – y posiblemente es así – pertenecer a
la época comunista. Aún así, son rápidos y muy útiles para desplazarse fuera
del centro de la ciudad.
Los autobuses son posiblemente el
medio más habitual de desplazamiento de los habitantes de la capital, pero a
diferencia de los tranvías hay muchísimos más y para el turista resultará sin
duda más complejo conocer con exactitud sus recorridos, por lo que encontrareis
pocos extranjeros aventurándose en estas líneas. Sin embargo, es donde podréis de verdad apreciar el modo de vida de los aquincenses (este curioso gentilicio proviene de la antigua ciudad romana de Aquincum, origen de la actual Budapest, aunque mi madre les llama "budapestanos"...). En cualquier caso ya os advierto que no espereis unos autobuses muy modernos.
Por último hablaré de los “prehistóricos”
trolebuses, autobuses con enganche eléctrico (como los tranvías) que parecen
sacados de otra época, lo que les confiere un estatus de “transporte en vías de
extinción” que hace que les haya cogido un especial cariño. Me fascina la
tremenda brusquedad de sus arranques y frenadas, su estado destartalado como si fuera a
desmontarse completamente en cada parada, y sobre todo, la casi imposibilidad de ver algún
turista en ellos. No puedo evitarlo, y es que son realmente genuinos.
7 – El Castillo Real, el Bastión
de los Pescadores y el Parlamento.
Sin duda, estos son los tres monumentos más
visitados de Budapest, y que figuran por tanto en todas las guías de esta
ciudad, por lo que seré breve. El Castillo y el Bastión de los Pescadores forman parte de la zona noble y más
antigua de la ciudad, en Buda. Caminar por sus calles y entre sus edificios es
retroceder en el tiempo hasta finales del siglo XIX. Un paseo por esta zona de
Buda, es sin duda altamente recomendable.
El Parlamento de Hungría es el monumento más impactante de toda la ciudad. Bellísima obra maestra de estilo neogótico y construida a finales del siglo XIX, es sin duda el símbolo por excelencia de Budapest. Algunas de las mejores vistas del emblemático edificio se obtienen desde el Puente Margarita y desde el Bastión de los Pescadores. Una visita al interior es siempre recomendable, aunque para ser honesto enseñan menos de lo que me gustaría. No obstante, reservad primero por internet si no quereis hacer interminables colas...
No me detengo mucho más en estas
tres maravillas. Como os he comentado, no hay ninguna guía que no haga una
explicación exhaustiva y detallada de estos monumentos, así que podréis encontrar información detallada en cualquier de ellas.
Como no hay dos sin tres, os emplazo en una semana a leer - si aún seguís ahí - la última parte de este larguísimo y muy personal post del blog...
Keep smiling. See you soon. :)
Como no hay dos sin tres, os emplazo en una semana a leer - si aún seguís ahí - la última parte de este larguísimo y muy personal post del blog...
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